La temperatura de color es algo de lo que tomamos conciencia principalmente cuando nos adentramos en el mundo de la fotografía o el cine.

Es cierto que, como seres humanos, somos capaces de intuir que hay diferentes tonalidades en las luces, sobre todo en las que son muy marcadas como puede ser la luz cálida de amaneceres y atardeceres.

No obstante, nuestra visión se adapta continuamente y corrige esas tonalidades que tienen las diferentes luces que nos rodean, sin apenas darnos cuenta de ello. Es decir, si hay algo blanco, nuestro cerebro nos dice que es blanco y lo percibimos como blanco, aunque este pueda, en verdad, estar reflejando una luz de una tonalidad concreta.

Nuestros sensores, por el momento, no son capaces de corregir por sí solos los colores de las diferentes luces. Es por eso que, aunque muchas veces tú veas la imagen con un tono blanco y unos colores adecuados, los sensores responden con una imagen con una dominante que no siempre es de tu agrado.

¿Qué es la temperatura de color?

Sin entrar en definiciones complejas, en longitudes de onda, espectros luminosos en cuerpos negros y un largo etcétera de conceptos vinculados a la temperatura de color, me gustaría definir la temperatura de color de un modo sencillo, a ver si lo consigo 😉 .

La temperatura de color es la tonalidad que tienen las diferentes fuentes de de luz. Es decir, aunque no lo percibamos a simple vista porque nuestros ojos tienen la capacidad de corregir esas tonalidades dominantes, las diferentes luces contienen diferentes tonalidades (colores).

Si observas las siguientes tres imágenes con detenimiento, podrás ver tres tipos de temperaturas de color. La primera neutra, la segunda balanceada hacia los tonos fríos, y la tercera hacia los tonos cálidos.

La temperatura de color se mide en grados Kelvin (K), cuanto más elevado es el valor, más fría es la luz, y cuanto más bajo, más cálida. La luz blanca se considera que se sitúa sobre los 5.500K, que es la luz del flash o de las horas centrales del día.

Todo lo que se salga del valor aproximado de 5.500 a 6.000K, tendrá una tonalidad concreta que tirará a fría o cálida dependiendo del tipo de luz.

Los tonos cálidos de la luz corresponden a amaneceres y atardeceres y a la mayoría de luces de interior. En cambio, las luces más frías corresponden a sombras, días nublados, pantallas LCD o la conocida hora azul.

Aquí tienes algunos ejemplos de los diferentes tipos de luces más comunes y de su temperatura de color:

  • 1700 K: Luz de una cerilla
  • 1850 K: Luz de vela
  • 2700–3300 K: Luz incandescente o de tungsteno (iluminación doméstica convencional)
  • 4100–4150 K: Luz de luna
  • 5000 K: Luz Fluorescente
  • 5500–6000 K: Luz de día, flash electrónico
  • 6500 K: Luz de día, nublado
  • 6500–10500 K: Pantalla de televisión (LCD o CRT)
  • 28000–30000 K: Relámpago

Ahora bien, ¿significa esto que hay que resignarse ante el tipo de iluminación que tenemos delante? ¿Debemos resignarnos a esos retratos naranjas que obtenemos dentro de nuestra propia casa?

La respuesta es NO. A continuación, tienes la respuesta a tus plegarias :).

¿Qué es el balance de blancos?

El balance de blancos es la forma que tienen nuestras cámaras de compensar esas tonalidades dominantes de los diferentes tipos de luz.

Y para ello, lo que hace el balance de blancos es compensar la tonalidad de la luz que recibe, añadiéndole su contrario.

¿Demasiado rebuscado? Entonces imagina que has hecho una sopa y que quieres conseguir dejarla a una temperatura templada. Si estuviera fría le añadirías sopa caliente, y si estuviera caliente le añadirías sopa fría.

El balance de blancos hace lo mismo para conseguir una luz neutra. Si la luz es fría, le añade calidez. Si es cálida le añade frío. Así de fácil 😉

Tienes un completo artículo sobre el balance de blancos aquí.

¿Qué es el modo RAW y qué tiene que ver con la temperatura de color?

Este es el formato en el que solemos recomendarte que trabajes, porque es el que nos ofrece imágenes con mayor cantidad de información. La imagen en RAW se procesa «en crudo» por la cámara, es decir, la cámara no aplica ningún tipo de ajuste incorporado por defecto como sí sucede en otros formatos como el JPEG.

Si trabajas con archivos JPEG, la cámara decide ciertos ajustes por sí misma (lo que no implica que no pueda gustarte el resultado). Es como editar una imagen sin la posibilidad de volver atrás una vez la has hecho. Editar sobre editado… ¿lo has probado alguna vez? Pues eso.

En cambio, con el formato RAW no se produce ningún tipo de ajuste más allá del que tú decidas darle en el procesado posterior, lo que hace que llegues a la edición con el 100% de posibilidades, con lo cual puedes modificar la temperatura de color a tu gusto y sin obstáculos.

Corregir la temperatura de color en la edición

El color blanco no solo es la suma de todas las longitudes de onda, sino que también es el color que las refleja, pero eso, por suerte, podemos corregirlo en todos los programas de edición 🙂 .

Conviene que seas consciente de que con que el blanco esté equilibrado, es decir, que sea realmente blanco, el resto de colores también se equilibrarán.

Normalmente, encontrarás los ajustes con el nombre de Temperatura. En Lightroom aparece dentro de los ajustes básicos:

temperatura color lightroom

Por otro lado, en Photoshop tienes varias formas de ajustar la temperatura de color, quizá la más sencilla sea irte a Imagen->Ajustes->Equilibrio de color:

Temperatura color photoshop

Aunque, como ya he dicho, creo que en la mayoría de editores, por no decir en todos, encontrarás esta opción :).

Galería

Si el dicho de «más vale una imagen que mil palabras» aplica para los demás, aún lo hace más para los amantes de la fotografía, ¿no crees? ;).

Te dejo con dos galerías, la primera basada en temperaturas de color frías y la segunda con temperaturas de color cálidas. Observa qué sensaciones te transmiten unas y otras. Para que veas lo que puedes conseguir exprimiendo la temperatura de color de las luces que te rodean :).

Galería de luces frías

Galería de luces cálidas

Conclusiones

La temperatura de color puede ser un gran aliado en tus imágenes siempre que sepas jugar con ella, es decir cómo corregirla o cómo no hacerlo.

Porque puede potenciar la creatividad de tu mirada y la originalidad de tus imágenes, o ayudarte a conseguir imágenes balanceadas. Creo que queda demostrado en las dos galerías anteriores, ¿verdad?.

Para empezar, te recomiendo que practiques con fuentes homogéneas, es decir, con luces que produzcan un solo determinado tipo de luz, para que veas cómo corregirlas o enfatizarlas de forma sencilla.

Más adelante puedes atreverte con varias fuentes de luz de diferente tipo. Una buena oportunidad para empezar, es la hora azul en ciudades, donde el cielo es azul pero a la vez tienes las luces cálidas de las farolas encendidas.

Espero que este artículo te haya sido útil y, sobre todo, ¡que te animes a practicar con la temperatura de color en tus fotos! 😉 Un saludo y hasta la próxima.

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